El amplio y poco conocido mundo de la salud mental

Cuidar a quienes cuidan: el círculo invisible del bienestar emocional

La salud mental de niños, niñas y adolescentes ha dejado de ser un tema aislado o exclusivamente clínico. Hoy se entiende como un estado de bienestar integral, que abarca lo emocional, cognitivo, social, relacional y que permite a los jóvenes sentirse seguros, establecer vínculos significativos, aprender y afrontar el estrés de manera saludable.

Para profundizar en este tema, conversamos con Alejandra Iturra:
• Psicóloga Clínica de la Universidad del Desarrollo, con Magister en Clínica Relacional con Niños y sus Padres.
• Diplomada en “Salud Mental y Psiquiatría Comunitaria” y “Técnicas Proyectivas”.
• 14 años de experiencia laboral en el área de la psicología clínica, trabajando principalmente en la atención clínica de niños, niñas y adolescentes, tanto en el contexto público como privado.
• Destacada por su formación en psicodiagnóstico relacional y evaluación neuropsicológica de niño, niña y adolescente.

Alejandra nos brinda una mirada cercana y fundamentada sobre los desafíos y estrategias que familias y colegios pueden implementar para favorecer el bienestar.

QUÉ ENTENDEMOS HOY POR SALUD MENTAL

“Hablar de salud mental en niños, niñas y adolescentes no es referirse solo a un trastorno o a la ausencia de éste. La salud mental es un estado de bienestar integral que implica la capacidad de sentirse seguro, de establecer vínculos significativos, de aprender y de afrontar situaciones de estrés propias del desarrollo”, explica Iturra.

En otras palabras, cuidar la salud mental no significa evitar los conflictos, sino enseñar a los jóvenes a enfrentarlos, mientras participan activamente en su comunidad familiar, escolar y social.

Este enfoque integral rompe con la idea de que la salud mental solo se activa ante un diagnóstico clínico. Más bien, se trata de promover habilidades y ambientes que favorezcan el desarrollo emocional y social, generando espacios donde los niños puedan expresarse y aprender a regular sus emociones.

DESAFÍOS ACTUALES PARA LAS FAMILIAS

El escenario actual para la salud mental infanto-adolescente es complejo. No solo se han incrementado los diagnósticos, sino que han surgido nuevas formas de malestar vinculadas a cambios culturales, tecnológicos y sociales. “La pandemia no generó necesariamente más trastornos, pero sí agudizó situaciones latentes. Un estudio reciente del 2024, realizado en conjunto por la Universidad Andrés Bello y la Universidad de las Américas, estimó que un 60% de los jóvenes chilenos presentan síntomas de ansiedad o bajo ánimo”, comenta la psicóloga.

Esta sintomatología, aunque no siempre constituye un trastorno, indica factores de riesgo: dificultades para dormir, sobreexposición a redes sociales, baja autoestima y estrés generalizado. El impacto no se limita a los niños, sino que las familias también se ven afectadas, muchas veces sobrepasadas y sin herramientas para acompañar a sus hijos.

Otro desafío es el entorno digital. El uso excesivo de pantallas, videojuegos y redes sociales puede alterar patrones de sueño, atención y socialización, especialmente cuando los niños acceden sin supervisión adulta. “Es fundamental que los padres promuevan un uso consciente de la tecnología, estableciendo límites y acuerdos familiares sobre su uso”, agrega Iturra.

Finalmente, el bienestar de los cuidadores influye directamente en la salud mental de los hijos. Estudios sobre “Burn Out parental”, como los de la psicóloga María Josefa Escobar, muestran que el agotamiento emocional, la irritabilidad y la desconexión afectiva de los padres impactan la regulación emocional de sus hijos. Por eso, el autocuidado adulto no es opcional: es un ejemplo vivo para los niños de cómo manejar el estrés y mantener la estabilidad emocional.

EL ROL TRANSFORMADOR DE LOS COLEGIOS: “EL BIENESTAR EMOCIONAL DE LOS ADULTOS ES EL PRINCIPAL PREDICTOR DEL BIENESTAR EMOCIONAL DE LOS NIÑOS”

Durante los últimos años, los colegios han evolucionado en su manera de abordar la salud mental. “Hoy no se trata solo de apagar incendios cuando surgen las crisis, sino de promover un bienestar integral. Los equipos interdisciplinarios de bienestar escolar, que incluyen psicólogos y docentes capacitados, cumplen un rol preventivo y acompañan a los estudiantes de manera constante”, explica Iturra.

Además, la mirada se ha desplazado de lo individual a lo sistémico: el bienestar de un estudiante depende del clima en el aula, del entorno docente y de la relación con las familias.

Alejandra recuerda con cariño lo comentado por una paciente adolescente, quien le contó que en su colegio hacían estaciones de juego, justamente para lograr que los estudiantes pudieran sentirse incluidos y al mismo tiempo desconectar de lo que se acostumbra día a día en esta era de tecnología. Estos son programas de educación socioemocional, que incentivan la socialización fuera de las pantallas y espacios de diálogo y autocuidado dentro de la institución. Lo que también sirve como ejemplo concreto para las familias.

SEÑALES DE ALERTA, ¿QUÉ OBSERVAR?

Detectar a tiempo las señales de malestar emocional es fundamental para prevenir problemas mayores durante la adolescencia. Iturra explica que existen dos grandes formas en que los niños y adolescentes pueden manifestar su malestar: los síntomas externalizantes, que son visibles, disruptivos y los de sobreadaptación, más silenciosos, pero igual de relevantes.

1. SÍNTOMAS EXTERNALIZANTES

Son aquellos que se expresan hacia afuera y suelen llamar la atención de los adultos, como la irritabilidad, la tristeza evidente o las conductas desafiantes. Sin embargo, detrás de estos comportamientos hay procesos emocionales no resueltos.

“Cuando un niño se muestra irritable, desafiante o constantemente triste, en realidad está comunicando un malestar que no logra poner en palabras”.

Estos síntomas pueden incluir alteraciones del sueño, cambios en el apetito, pérdida de interés por actividades cotidianas, desmotivación y somatizaciones frecuentes como dolores de cabeza o de estómago sin causa médica aparente.

Estos indicadores, explica Iturra, no aparecen de un día para otro. Son el resultado de una acumulación de estrés, exigencias, inseguridad o falta de espacios seguros para expresar emociones.

“A veces, el problema no es la emoción en sí, sino la falta de acompañamiento para sostenerla. Un niño que siente miedo o frustración, pero no tiene un adulto que lo contenga, aprende a manifestarlo de manera más intensa o a través del cuerpo”.

 

2. SOBREADAPTACIÓN: EL MALESTAR SILENCIOSO

Muchas veces, la sobreadaptación nace en contextos donde los niños se vieron obligados a sostener emocionalmente a sus cuidadores. Iturra explica que esto ocurre cuando los adultos, por distintas razones: estrés, separación, duelo, problemas de salud mental o falta de recursos emocionales, no logran ejercer un rol contenedor estable y los niños asumen, inconscientemente, ese lugar.

“Hay niños que crecieron acostumbrados a estar bien, a no dar problemas, porque aprendieron que sus padres o adultos significativos estaban pasando por momentos difíciles y que lo mejor que podían hacer era no sumarles más carga”. En esos entornos, el mensaje que internalizan es claro: mostrar tristeza, enojo o cansancio no es una opción, porque eso podría preocupar o desbordar al adulto. Con el tiempo, esos niños desarrollan una especie de fortaleza aparente, volviéndose hiperresponsables, resolutivos y atentos a las necesidades de los demás.

“Son pequeños que aprendieron a leer el ambiente, a anticiparse a los estados de ánimo de sus cuidadores y a ofrecer calma y estabilidad en lugar de pedirla. Crecen convencidos de que deben ser los que sostienen, los que cuidan, los que no fallan”, agrega Iturra.

El resultado es una sobreadaptación emocional. Jóvenes que parecen tenerlo todo bajo control, que cumplen, que ayudan, que siempre están dispuestos, pero que no se permiten mostrar vulnerabilidad. “Son aquellos que siempre están bien, que no se quejan, que sacan buenas notas y que nunca dicen que algo les cuesta. Pero detrás de esa perfección aparente puede haber una enorme exigencia interna, miedo al error o temor a decepcionar”.

Iturra aclara que esta es una estrategia inconsciente de protección emocional. En su intento de cuidar a los demás, los niños dejan de cuidar de sí mismos. Y como su malestar no genera ruido, pasa inadvertido. “Estos niños no piden ayuda porque no saben cómo hacerlo, o porque sienten culpa al mostrarse vulnerables”, explica.

El riesgo de la sobreadaptación es que el malestar se acumula y se vuelve invisible. Años después, puede manifestarse en forma de ansiedad, insomnio, crisis de angustia o episodios depresivos durante la adolescencia o adultez temprana.

“Muchos de los adolescentes con síntomas de ansiedad o depresión fueron niños muy adaptados, muy funcionales, que parecían tenerlo todo bajo control, pero emocionalmente estaban agotados. Habían sostenido durante tanto tiempo que ya no les quedaban recursos para sostenerse a sí mismos”.

ESTRATEGIAS EFECTIVAS: COMUNIDAD ESCOLAR Y FAMILIAS TRABAJANDO JUNTAS

Integrar la salud mental en la vida cotidiana de las comunidades educativas, y no solo en los momentos de crisis, es clave para el bienestar de los estudiantes. Según la profesional “la salud mental no se trabaja solo desde la oficina del psicólogo, sino que se construye también en la sala de clases, en el recreo, en las conversaciones con las familias y en los vínculos que se generan día a día”.

Por eso, los colegios que logran mejores resultados en este ámbito son aquellos que entienden el bienestar como una responsabilidad compartida. “La institución puede tener protocolos, profesionales y programas, pero si no hay una cultura de corresponsabilidad, donde todos se sientan parte del cuidado del otro, ese trabajo se diluye”.

1. PROMOVER UNA COMUNIDAD ESCOLAR EMOCIONALMENTE SEGURA

Iturra enfatiza que una comunidad emocionalmente segura es aquella donde los estudiantes sienten que pueden ser y expresarse sin miedo al juicio o la sanción. Esto requiere que los adultos, profesores, directivos, asistentes y familias desarrollen una mirada más comprensiva hacia las emociones y los comportamientos infantiles.

“Cuando un estudiante se muestra más desafiante o retraído, la pregunta no debería ser solo ‘¿qué hizo?’, sino también ‘¿qué le pasa?’. Ese pequeño cambio de enfoque transforma la manera en que acompañamos y contenemos a los niños”.

Para ello, los colegios están avanzando hacia modelos donde el bienestar no es una asignatura aislada, sino un eje transversal. Se promueven instancias de tutorías, asambleas de curso, acompañamientos personalizados y formación docente en regulación emocional, comunicación empática y resolución pacífica de conflictos.

La psicóloga destaca que la contención no es sinónimo de permisividad, sino de comprensión activa. “Acompañar emocionalmente no significa que todo esté permitido, sino que los límites se ponen desde la calma, no desde la reacción. Eso enseña a los niños a autorregularse y a confiar en los adultos”.

2. INCORPORAR PROGRAMAS DE EDUCACIÓN SOCIOEMOCIONAL

Los programas de educación socioemocional permiten abordar la salud mental desde la prevención y la promoción del bienestar. “Estos programas enseñan a los niños a identificar y expresar emociones, resolver conflictos, trabajar en equipo, desarrollar empatía y construir autoestima”, explica Iturra.

A diferencia de intervenciones puntuales, estos programas instalan un lenguaje emocional común entre estudiantes, docentes y familias. “Cuando toda la comunidad comparte el mismo vocabulario emocional, por ejemplo, saber qué significa frustrarse, validarlo y acompañarlo, se reduce la violencia, mejora la convivencia y se fortalecen los lazos de confianza”.

La psicóloga agrega que los colegios que aplican sistemáticamente estos programas han evidenciado una disminución significativa en conductas disruptivas y un aumento en los niveles de participación y motivación. “No es solo que los niños se porten mejor, es que se sienten más vistos, comprendidos y valorados”.

3. IMPLEMENTAR PROGRAMAS DE PARENTALIDAD POSITIVA

El bienestar escolar también depende del acompañamiento que reciben los estudiantes en sus hogares. Por eso, los colegios están promoviendo cada vez más programas de parentalidad positiva, orientados a fortalecer las habilidades emocionales de los padres y cuidadores.

Iturra explica que estos programas no buscan “enseñar a ser padres”, sino entregar herramientas para manejar el estrés, establecer límites saludables y fomentar vínculos afectivos estables. “Muchas veces los padres también están sobrecargados, con poco tiempo o sintiéndose inseguros frente a las necesidades emocionales de sus hijos. Estos espacios son una oportunidad para que comprendan que no se trata de hacerlo perfecto, sino de estar disponibles”.

El enfoque de la parentalidad positiva apunta a reemplazar los estilos punitivos o reactivos por una crianza más consciente y empática, donde el adulto aprende a regularse antes de intervenir. Un padre o madre que logra autorregularse enseña sin hablar. El ejemplo es la herramienta más poderosa de aprendizaje emocional que tienen los niños.

AUTOCUIDADO ADULTO: EL MOTOR DEL BIENESTAR INFANTIL

El bienestar de los adultos: padres, madres y docentes son el principal predictor del bienestar emocional de los niños. Regular el estrés, pedir ayuda y sostener rutinas saludables no solo protege a los adultos, sino que modela a los niños cómo manejar emociones y situaciones difíciles.

La observación y el modelamiento son fundamentales. Si los adultos logran autorregularse, los niños aprenden a través de ellos, enfatiza Iturra.

CINCO CONSEJOS CLAVE PARA FAMILIAS: QUÉ HACER Y QUÉ NO HACER

1. RUTINAS ESTABLES Y PROTECTORAS

Desde los primeros años de vida, las rutinas actúan como una red de seguridad emocional para los niños. “Las rutinas dan contención, estructura y previsibilidad”, explica la psicóloga. Tener horarios consistentes para dormir, alimentarse y realizar actividades familiares favorece la organización, además de transmitir tranquilidad y confianza. Durante la adolescencia, aunque los horarios cambien, mantener ciertos espacios estables, como las comidas en familia o un momento de conversación diaria, sigue siendo clave para el bienestar emocional.

2. VALIDACIÓN EMOCIONAL

Validar no es resolver los problemas de los hijos, sino reconocer lo que sienten. “Los niños necesitan que sus emociones sean vistas y nombradas, no minimizadas”, enfatiza. Cuando un adulto dice “entiendo que estés frustrado” o “veo que eso te pone triste”, está ayudando al niño a construir su lenguaje emocional y a sentirse comprendido. Esta práctica cotidiana fortalece la relación y enseña que todas las emociones son válidas, aunque no todas las conductas lo sean.

3. PLAN FAMILIAR FRENTE A LA TECNOLOGÍA

El uso de pantallas y redes sociales requiere límites claros y coherentes entre todos los miembros de la familia. “No se trata de prohibir, sino de acompañar y enseñar a usar la tecnología con criterio”. Sugiere acordar tiempos de desconexión, como las comidas o la hora antes de dormir y promover actividades sin pantallas que incentiven la creatividad, el descanso y la interacción cara a cara. En sus palabras: “El sueño, el juego libre y el contacto con otros son necesidades básicas que la tecnología no puede reemplazar”, el aburrimiento es necesario para el desarrollo de la creatividad.

4. ALIANZA COLEGIO-FAMILIA

La salud mental de los estudiantes se fortalece cuando familia y colegio trabajan en conjunto. “El colegio no puede hacerlo solo y los padres tampoco”, comenta. La participación activa de las familias en la comunidad escolar asistiendo a reuniones, talleres o instancias de diálogo, permite construir un entorno coherente y de apoyo mutuo. Esta alianza también facilita la detección temprana de dificultades emocionales o sociales y genera una red que contiene y orienta.

5. AUTOCUIDADO CONSCIENTE

Los adultos son el modelo emocional más poderoso para los niños. “Si queremos enseñar regulación, tenemos que regularnos primero”. Cuidar la salud mental de los cuidadores es una necesidad: implica darse permiso para descansar, pedir ayuda cuando sea necesario y mantener espacios personales que recarguen energía. Un adulto que se cuida transmite calma, empatía y coherencia emocional, factores fundamentales para el desarrollo socioafectivo de los niños.

Cuidar la salud mental de los niños, niñas y adolescentes es una labor compartida entre familias y colegios. No se trata solo de prevenir trastornos, sino de promover bienestar integral, habilidades socioemocionales y resiliencia, mientras se enseña a los jóvenes a navegar los desafíos de la vida con acompañamiento seguro y afectivo. Como subraya Iturra, “las emociones no son temas adicionales, son parte de la vida cotidiana y el cuidado de la salud mental es un compromiso de toda la comunidad”.

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Cuando aprender importa más que rendir: una mirada actual sobre la excelencia académica

En un escenario educativo en transformación, la excelencia académica deja de medirse solo en resultados y se entiende como un proceso profundo, consciente y humano. Desde la investigación en primera infancia hasta la gestión pedagógica escolar, este reportaje explora cómo aprender con sentido, bienestar y participación se vuelve el verdadero indicador de calidad educativa.

En un contexto educativo marcado por profundos cambios sociales, culturales y tecnológicos, la noción de excelencia académica ha dejado de entenderse exclusivamente como altos resultados en pruebas estandarizadas. Hoy, el concepto se amplía hacia una formación integral, que articula rigor académico, pensamiento crítico, desarrollo socioemocional y bienestar. En ese cruce entre investigación, gestión pedagógica y práctica escolar se sitúan las miradas del Colegio San Francisco Javier de Huechuraba y de la académica e investigadora Cynthia Adlerstein.

Para el Colegio San Francisco Javier de Huechuraba, la excelencia académica constituye un eje central de su proyecto educativo. No se trata de una meta puntual, sino de un proceso permanente, planificado y reflexivo, orientado a generar condiciones reales para que cada estudiante desarrolle al máximo sus capacidades, respetando ritmos, intereses y talentos. Desde esta perspectiva, aprender no es memorizar contenidos, sino comprender, reflexionar y aplicar el conocimiento de manera significativa.

Esta visión dialoga directamente con la investigación en primera infancia. Para Cynthia Adlerstein, académica asociada de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile y doctora en Ciencias Sociales, la excelencia académica en los primeros años no se vincula con la sobreexigencia ni con la anticipación

de contenidos escolares. “La excelencia académica en la primera infancia no se relaciona con adelantar contenidos, sino con ofrecer experiencias educativas de alta calidad, que permitan aprendizajes profundos, significativos y acordes al desarrollo integral de los niños”, explica.

Desde la gestión pedagógica, Giovanna Olivari, Directora Académica del Colegio San Francisco Javier de Huechuraba, complementa esta mirada señalando que la excelencia se construye en el tiempo: “La entendemos como un proceso permanente, planificado y reflexivo, que busca aprendizajes reales y no solo resultados finales”. En esa línea, el colegio ha optado por una propuesta pedagógica que privilegia el aprendizaje profundo, la curiosidad intelectual y la autonomía del estudiante.

Uno de los pilares de este enfoque es la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje. El colegio apuesta por metodologías activas que fomentan la participación, el trabajo colaborativo y la resolución de problemas, situando al estudiante como protagonista de su aprendizaje. El rol del docente, en este contexto, se concibe como el de un mediador pedagógico que acompaña, orienta y desafía intelectualmente, manteniendo altas expectativas académicas sin perder de vista el desarrollo integral. Los ambientes de aprendizaje cumplen un rol clave en este proceso. Para Adlerstein, “los espacios bien diseñados, seguros y estimulantes favorecen la exploración, la curiosidad y la construcción activa del conocimiento”, especialmente en las etapas iniciales. Esta mirada es coherente con el énfasis del colegio en generar entornos escolares que promuevan el bienestar emocional como condición indispensable para aprender.

La evaluación es otro de los elementos centrales en esta concepción ampliada de la excelencia académica. Lejos de una lógica punitiva, el Colegio San Francisco Javier concibe la evaluación como una herramienta formativa, orientada a identificar avances, detectar dificultades y retroalimentar oportunamente los aprendizajes. “La diversidad de instrumentos y el énfasis en evaluaciones más auténticas nos permite comprender cómo aprende cada estudiante”, señala Giovanna Olivari, subrayando la importancia de observar procesos más que solo resultados.

En coherencia con este enfoque, los proyectos interdisciplinarios cumplen un rol fundamental en la formación académica. Según Giovanna Olivari, estos permiten aplicar lo aprendido, profundizar contenidos y evidenciar una comprensión real, integrando distintas habilidades y promoviendo aprendizajes significativos. De este modo, la excelencia académica se vincula también con el desarrollo de competencias clave para el siglo XXI, como el pensamiento crítico, la comunicación efectiva, la creatividad y la capacidad de aprender a aprender.

Desde la investigación en primera infancia, Adlerstein destaca que la excelencia académica no puede desvincularse de la ciudadanía infantil. “No son dimensiones opuestas”, afirma. “Una educación de excelencia incorpora la participación, la escucha y el respeto por la voz de los niños, entendiendo que aprender también implica convivir, expresarse y formar parte de una comunidad”.

Sostener este enfoque sin caer en la sobreexigencia temprana requiere condiciones adecuadas para los equipos docentes. Adlerstein enfatiza la necesidad de buenas condiciones de trabajo, espacios de reflexión pedagógica y una visión compartida que entienda la excelencia como un proceso acompañado y colaborativo, más que como presión por resultados inmediatos.

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San Francisco Javier de Huechuraba: Donde la excelencia académica empieza con el bienestar

En el Colegio San Francisco Javier de Huechuraba, el bienestar no es un complemento, sino la base sobre la cual se construye la excelencia académica. Profesores, familias y estudiantes trabajan juntos en un modelo educativo que une contención y acompañamiento en busca de resultados de alto nivel.

Un niño que no está bien, no aprende. Esa es la convicción que guía al Colegio San Francisco Javier de Huechuraba, una comunidad educativa que ha hecho del cuidado y la contención un pilar fundamental de su proyecto académico.

Más que un colegio, San Francisco es una comunidad donde todos se conocen y se cuidan. Cada mañana, en todos los cursos, se lleva a cabo la acogida, un espacio de reflexión en el que los profesores se aseguran de que cada estudiante esté bien. De lo contrario, si detectan algo fuera de lo normal, se ocupan de acompañar y buscar soluciones junto a ese niño y su familia. “El resguardo, cuidado y aprendizaje de nuestros estudiantes es lo que nos moviliza todos los días.

El bienestar es lo primordial para lograr cualquier aprendizaje de calidad y por ese motivo nuestros docentes y equipos de apoyo han sido capacitados en todas las áreas de salvaguarda, así como también en las áreas académicas”, destaca Joanna Mackay, directora del Cuarto Ciclo (III° y IV° medio).

Este enfoque se consolida con la implementación de la Política de Safeguarding, desarrollada por especialistas de Cognita y alineada con estándares internacionales, que asegura entornos respetuosos y seguros. Se trata de un programa integral y una cultura de cuidado que garantiza la protección del bienestar físico y mental de estudiantes y colaboradores, implementando políticas rigurosas, capacitación continua y la creación de un ambiente seguro, de apoyo y comunicación abierta para que todos puedan crecer con confianza y resiliencia.

“En nuestro modelo, asignaturas como Ser Humano — donde está inmerso nuestro programa de orientación —, los encuentros, el departamento de psicología y psicopedagogía son un eje fundamental para que los estudiantes fortalezcan autoestima, trabajo en equipo, habilidades sociales y salud mental. Así crecen y se desarrollan en un ambiente seguro, cálido y donde la preocupación por el otro está en el centro de nuestra labor diaria”, explica Mackay.

La mirada de los especialistas confirma lo que en San Francisco se vive día a día: que la excelencia académica y el bienestar van de la mano. “Cuando un niño crece en un entorno que promueve su bienestar físico, mental y emocional, aprende y se motiva mucho más, pues se siente seguro y puede concentrarse en descubrir, crear y colaborar”, explica Mónica López, psicóloga y directora del Instituto del Bienestar de Chile.

Los resultados son evidentes. “Con orgullo podemos señalar que nuestros estudiantes logran ingresar a la universidad y a las carreras que desean. Esto se refleja en los buenos resultados obtenidos en pruebas nacionales e internacionales, pero también en experiencias de liderazgo, proyectos de servicio y campañas solidarias que los conectan con la comunidad”, comenta Mackay.

Los beneficios alcanzan también a los alumnos en su vida diaria. “Aprenden a reconocer cuáles son sus fortalezas principales y cómo usarlas para aumentar su bienestar y autoestima. También logran detectar sus propios ‘ladrones de felicidad’ y trabajar en ellos, previniendo la desesperanza, la impulsividad y conductas de agresión hacia sí mismos o hacia otros”, añade López.

En la práctica, esto se traduce en estudiantes capaces de organizarse, trabajar en equipo y asumir compromisos sociales reales. “Nuestro centro de estudiantes, por ejemplo, se destaca por su compromiso, carisma y comprensión crítica. Han desarrollado programas que traspasan las fronteras de nuestro colegio y que nutren a otros, en alianza con la Municipalidad de Huechuraba y su Departamento de la Niñez. Así, comparten conocimiento y crean espacios de encuentro que favorecen tanto el desarrollo académico como el socioemocional”, detalla Mackay.

Este trabajo refleja una tendencia internacional. “Cada vez más colegios están integrando el bienestar como parte del currículum, para que los estudiantes cultiven desde pequeños habilidades emocionales, sociales y hábitos saludables que los preparen para una vida con sentido, con vínculos de calidad y mayor capacidad de insertarse positivamente en la sociedad”, asegura López.

Mackay coincide: “El bienestar abre un horizonte de espiritualidad y nos conecta con el entorno. Nos ayuda a creer en nuestras habilidades, fortalece la autoestima y nos conduce a mejores resultados académicos y personales. En definitiva, nos prepara para ser personas para el mundo, viviendo en comunidad y conscientes de los desafíos que nuestra sociedad requiere todos los días”.

Y el bienestar también se celebra, por lo que, el pasado viernes 26 de septiembre, junto a los más de 100 colegios de Cognita en el mundo, celebramos el Global Be Well Day, un día en el que nos unimos, este año, bajo el concepto “Conectar”. Este encuentro invitó a conectar con nosotros mismos, con nuestros pares y con el entorno, y se vive con gran emoción en Europa, Estados Unidos, Asia, Medio Oriente, Latinoamérica y, por supuesto, en San Francisco Javier de Huechuraba.

El resultado de una educación anclada al bienestar se traduce en estudiantes más reflexivos, empáticos y creativos, familias comprometidas y un ambiente que potencia aprendizajes de alto nivel. Así, el Colegio San Francisco Javier de Huechuraba reafirma que la excelencia académica comienza con el bienestar.

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La revolución educativa de la arquitectura

El Colegio San Francisco Javier de Huechuraba da un salto hacia el futuro con la inauguración de modernos espacios diseñados para mejorar la experiencia de aprendizaje.

Un entorno renovado que combina tecnología, creatividad y colaboración invita a estudiantes y docentes a explorar nuevas formas de enseñanza y conexión. La educación en el siglo XXI demanda entornos que no solo sean funcionales, sino también inspiradores y adaptables a las nuevas metodologías de enseñanza. En este sentido, el Colegio San Francisco Javier de Huechuraba ha dado un paso significativo al inaugurar nuevos espacios educativos que buscan potenciar la experiencia de aprendizaje de sus estudiantes.

Para el arquitecto y profesor titular de la Universidad de Chile, Albert Tidy, “la manera de enseñar se adapta a un determinado modelo educativo, y hoy la tendencia es que el estudiante se posiciona como centro del proceso de aprendizaje, y el profesor como un movilizador de experiencias, y la arquitectura debe jugar ahí un rol clave”.

Este cambio no solo se traduce en una mejora física, sino en un compromiso institucional con la excelencia académica. Carolina Meyer, rectora del colegio, dijo en sus palabras inaugurales: “Nuestro colegio, con orgullo y dedicación, ha servido a la comunidad de Huechuraba durante 27 años, acogiendo actualmente alrededor de 1.500 alumnos en un proyecto donde buscamos una educación integral, preparando a cada estudiante para los desafíos del futuro. Hoy, tenemos una noticia que nos llena de alegría y que marca un antes y un después: hemos concretado una inversión significativa en nuestra infraestructura. Esta mejora no es solo un cambio físico, sino una transformación que impacta directamente en la experiencia educativa de cada uno de nuestros estudiantes”.

Por su parte, para Tidy, “la excelencia académica se asocia a espacios más flexibles donde la creatividad y la exploración son valoradas como elementos fundamentales del proceso de aprendizaje. En ese sentido la arquitectura puede ser una herramienta poderosa que se pone al servicio de los objetivos del aprendizaje, y puede ser tan fundamental como para potenciar o hacer fracasar un proyecto educativo”.

La renovación arquitectónica

La renovación del colegio ha sido guiada por principios arquitectónicos que priorizan la conexión con la comunidad y el bienestar de los alumnos. Margarita Rodríguez, una de las arquitectas a cargo del proyecto, destaca que “el objetivo principal fue crear espacios significativos, estimulantes y acogedores“.

Las intervenciones incluyen la renovación de la fachada, un nuevo patio para preescolar, una moderna biblioteca, llamada “El Rincón del Búho”, un laboratorio de última tecnología, un pequeño auditorio que se identifica como “Espacio Foro”, un Makerpace, una plaza de encuentro y la renovación del 100% de las salas de clases y de profesores.

Estas áreas han sido diseñadas para mejorar la experiencia del aprendizaje, permitiendo que este no solo ocurra dentro del aula, sino en cada rincón del colegio. “El diseño buscó conectar con el contexto urbano y social de Huechuraba, integrando materiales y colores del entorno”, explica Rodríguez. Esta atención al contexto no solo promueve la inclusión, sino que también refuerza la identidad del colegio.

Para Albert Tidy, “Los espacios que favorecen un entorno idóneo para la calidad del proceso de aprendizaje en primer lugar tienen que ver con un adecuado acondicionamiento físico ambiental, es decir buena iluminación natural, confort térmico. En segundo lugar, el aula debe ser un espacio lo suficientemente flexible para permitir distintas actividades y configuración del mobiliario en función de cada acción”.

Espacios multifuncionales y tecnológicos

Entre los nuevos espacios, destaca el Makerspace, un entorno dedicado a la exploración y la creación. Aquí, los estudiantes pueden experimentar y materializar sus ideas, fomentando el trabajo en equipo y el pensamiento crítico. Por su parte, el nuevo Laboratorio de Ciencias está equipado con tecnología de punta, permitiendo a los alumnos realizar experimentos de manera segura y efectiva.

La nueva biblioteca, “El Rincón del Búho”, se presenta como un espacio cálido y luminoso, ideal para la lectura y el estudio colaborativo. Este enfoque en la flexibilidad y la adaptabilidad es crucial para atender las diversas necesidades de aprendizaje de los estudiantes. “La biblioteca modular cuenta con mobiliario móvil que permite distintas configuraciones, favoreciendo metodologías activas y centradas en el estudiante”, añade Rodríguez.

En los discursos inaugurales del lugar, estudiantes agregaron: “Este es un espacio que nos invita a leer y jugar. Nos motiva saber que tenemos un rincón donde buscar nuevas lecturas o simplemente traer nuestros libros. Nuestra biblioteca cuenta con un lugar especial para cuenta cuentos, se puede trabajar en equipo y estudiar”.

Un evento que marcó un hito

La inauguración de estos nuevos espacios se celebró el 30 de mayo, con un evento que reunió a cerca de 100 personas, incluyendo autoridades, docentes y la comunidad escolar. El evento contó con la presencia del alcalde de la comuna de Huechuraba, Maximiliano Luksic, y su equipo, la rectora del colegio, Carolina Meyer, el CEO de Cognita Latam (organización de la que el colegio forma parte), Josep Caubet, junto a su equipo, entre otras autoridades, directivos, profesores, apoderados y alumnos, quienes recorrieron las nuevas instalaciones.

Carolina Meyer enfatizó la importancia de esta inversión para mejorar la experiencia educativa. “Estos espacios están alineados con los desafíos del siglo XXI y son lugares de encuentro que buscan inspirar a nuestros estudiantes”, afirmó. El alcalde de Huechuraba, Maximiliano Luksic, también hizo hincapié en su compromiso con la educación en la comuna, subrayando la relevancia de iniciativas como esta para el futuro de los jóvenes. La ceremonia culminó con el simbólico corte de cinta, un acto que marca el comienzo de una nueva era educativa para el colegio.

La remodelación del Colegio San Francisco Javier de Huechuraba representa una mejora en la infraestructura, un compromiso con la excelencia académica y el desarrollo integral de sus estudiantes. “Pequeñas intervenciones bien pensadas pueden generar grandes transformaciones”, concluye Rodríguez, reafirmando la importancia de diseñar desde el respeto y la sensibilidad urbana.

Con espacios diseñados para explorar, inspirar y fomentar la creatividad, la indagación y el sentido de comunidad, el colegio San Francisco Javier de Huechuraba se posiciona como un referente en la educación moderna, ofreciendo un entorno ideal para el aprendizaje y el crecimiento académico y personal.

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