Una Gala Folclórica con más de doce años de historia, un clásico teatral con 108 estudiantes en escena y patios llenos de trompos y carreras de saco. En el Colegio San Francisco Javier de Huechuraba, la chilenidad se vive en grande y con toda la comunidad.
Ya pasaron las Fiestas Patrias y la tradicional Fiesta de la Chilenidad, pero en el Colegio San Francisco Javier de Huechuraba el eco todavía se siente. Desde mucho antes de septiembre, las banderas comenzaron a aparecer en los patios y la música se tomó cada rincón del colegio. Estudiantes y profesores pasaron semanas preparando bailes, ensayando coreografías, aprendiendo canciones y organizando presentaciones. Lo que finalmente se vio sobre el escenario fue solo la parte visible de un proceso largo, intenso y profundamente colectivo.
Aquí, las celebraciones de septiembre van mucho más allá de recordar una fecha. A través del baile, la música, el deporte, el teatro y la historia, la fiesta se transforma en una experiencia que acerca a los estudiantes a las distintas expresiones culturales de su país: no solo aprenden una coreografía, sino también de dónde viene y qué historia cuenta.
DEL AULA AL PATIO
Para Cristina Acevedo, jefa del Departamento de Historia del colegio, ese es precisamente uno de los grandes sentidos de la celebración. “Las Fiestas Patrias forman parte de las costumbres y tradiciones nacionales y están relacionadas con la identidad cultural, pero su significado no se agota en recordar el inicio del proceso de Independencia. También son una oportunidad para encontrarse con comidas, juegos, músicas, bailes y prácticas que han sido transmitidas entre generaciones”, explica.
Esa idea se ve, literalmente, en los recreos: aparecen la rana, el trompo, el emboque y las carreras de saco, junto con actividades que invitan a los estudiantes a acercarse a distintos elementos de la cultura nacional. Son experiencias aparentemente sencillas, pero, como destaca la profesora Acevedo, permiten que “una tradición deje de ser algo que únicamente se observa o se estudia y pase a convertirse en una experiencia”.
Ese paso entre conocer y vivir es clave. Para la profesora, la historia de Chile también puede encontrarse en una danza, en una representación teatral o incluso en una obra como “La Pérgola de las Flores”.
UN RECORRIDO POR TODO CHILE
La cultura chilena no es una sola. Es el resultado de siglos de encuentros: las expresiones indígenas se cruzaron con las europeas tras la llegada de los españoles, y también hubo una influencia africana ligada a la población afrodescendiente. Esas capas todavía resuenan en la cueca, en la tonada o en el Tumbe de Arica, y la música chilena sigue transformándose hasta hoy. Recorrer Chile a través de sus bailes es, entonces, recorrer también su historia.
En el San Francisco Javier, esa idea se refleja en la forma en que se organizan las presentaciones folclóricas. Matías Amoroso, jefe del Departamento de Deportes, cuenta que existe una intención clara de construir un verdadero “recorrido por todo Chile”. Algunos niveles tienen bailes que ya son tradición: III° medio presenta una cueca, mientras que IV° medio sube al escenario con una presentación de Rapa Nui, un clásico que ya suma más de ocho años en el colegio.
Otros niveles van cambiando año a año. Los más pequeños, hasta 4° básico, trabajan con leyendas y elementos asociados a distintas zonas del país. Los cursos mayores se atreven con propuestas más complejas: 8° básico desarrolla una fiesta huasa, II° medio viaja a la zona norte y I° medio presenta una mezcla de expresiones de distintos países de Latinoamérica, un guiño a la diversidad que existe dentro de la propia comunidad escolar.
El resultado es una celebración que no se construye desde una única imagen de Chile, sino que muestra sus muchas caras.
HISTORIA Y DEPORTES, DE LA MANO
Nada de esto sería posible sin un trabajo coordinado entre áreas. “Cada año existe una conversación con el Departamento de Historia para establecer una línea general que permita dar coherencia a las presentaciones. En algunos casos, incluso los cursos más pequeños definen su zona de trabajo a partir de contenidos que ya han abordado durante sus clases”, explica el profesor Amoroso.
Hasta los detalles que parecen pequeños forman parte del proceso educativo. “La elección de vestuarios, por ejemplo, se toma considerando qué cursos han utilizado determinadas prendas en años anteriores, de manera de poder reutilizarlas. Detrás de una presentación que dura unos minutos existe una organización y colaboración que involucra a estudiantes, apoderados y profesores”, agrega.
GALA FOLCLÓRICA: DOCE AÑOS DE TRADICIÓN
El gran momento del año es la Gala Folclórica, que ya suma más de doce años y en la que participan todos los alumnos del colegio. Matías Amoroso ha visto de cerca lo que significa para los estudiantes: “Después de las vacaciones de invierno comienza un proceso intenso de preparación, que se extiende durante julio, agosto y septiembre. Los estudiantes ensayan, trabajan físicamente y se preparan para llegar a una presentación que, especialmente para los cursos mayores, se convierte en uno de los grandes hitos del año”.
Para IV° medio, el momento tiene un sabor especial. “La presentación final es muy esperada porque marca también un cierre de etapa. Esta instancia involucra a gran parte de la comunidad escolar y adquiere una dimensión que supera ampliamente la de una actividad extracurricular”, destaca.
Esa idea se ve, literalmente, en los recreos: aparecen la rana, el trompo, el emboque y las carreras de saco, junto con actividades que invitan a los estudiantes a acercarse a distintos elementos de la cultura nacional. Son experiencias aparentemente sencillas, pero, como destaca la profesora Acevedo, permiten que “una tradición deje de ser algo que únicamente se observa o se estudia y pase a convertirse en una experiencia”.
LA PÉRGOLA DE LAS FLORES, CON ELENCO DOBLE
Algo similar ocurre con “La Pérgola de las Flores”, que por tercer año consecutivo presentan los estudiantes de III° medio a través del electivo de Expresión Corporal. Son 108 alumnos en escena, una cifra que obliga a trabajar con doble elenco para las funciones de la mañana y de la tarde. Matías Amoroso trabaja junto a los profesores Gaspar Camos y Anita Mendoza, para sacar adelante una experiencia que exige organización, preparación y mucho compromiso.
BAILES QUE SE QUEDAN EN LA MEMORIA
Una presentación folclórica nunca se construye en solitario: hay que aprender junto a otros, coordinarse, respetar los tiempos, volver a intentarlo y confiar en el grupo. En el San Francisco Javier, eso se vuelve especialmente visible cuando generaciones completas se preparan durante meses para compartir un mismo escenario.
Y la huella es duradera. El profesor Amoroso cuenta que los estudiantes recuerdan sus bailes incluso años después: el año en que bailaron cacharpalla, el año del trote, el de la diablada. La experiencia queda unida a un curso, a una generación y a los compañeros con los que compartieron el escenario. El baile deja de ser solo un contenido escolar y pasa a formar parte de la memoria personal.
Así, cuando llega el momento del escenario, lo que ven las familias no es simplemente un show: es el resultado de meses de trabajo y una forma de mirar el país en toda su diversidad. Cristina Acevedo lo resume así: “Chile no es una identidad construida desde una sola voz. Está formado por múltiples pueblos, territorios, experiencias y tradiciones que se han encontrado y transformado a lo largo del tiempo. Acercarse a esas expresiones permite que los estudiantes comprendan que la historia no es algo lejano ni terminado, sino un proceso que también explica quiénes somos hoy”.